1. Phnom Penh y su imprescindible Killing Fields

DIA 1

Phnom Penh, la capital del Camboya. Si bien la ciudad no es bonita, posee varios lugares imprescindibles que visitar para entender lo qué paso en este encantador país, como los Killing Fields o la S-21.

Aterrizamos en Phnom Penh, cambiamos dinero en el aeropuerto y cogemos un taxi hasta nuestro hotel. Nada más salir del aeropuerto el calor húmedo nos da un puñetazo. Y nos iba a seguir dando pellizcos el resto del viaje. Sabíamos que iba a hacer calor, pero no tan continuo, noche y día.
Phnom Penh, capital de Camboya, es caótica como muchos países asiáticos, sumado a la fachada empobrecida de este país. Mi hermana y yo ya habíamos estado en Asia, por lo que no nos sorprende tanto, pero la cara de A.F es de ¿dónde me habéis metido?

Vistas desde el hotel (para no aburrirse)

Estamos cansadísimos y al ser ya tarde queremos descansar en el hotel, que se encuentra cerca del río Tonle Sap (rio que poca distancia se une con el Mekong) y que tiene una piscinita. Tras casi 24 horas de vuelo sólo queremos darnos un baño y tumbarnos. Pues no! La piscina está verde y el estado del mobiliario no es que se parezca al de las fotos. Esta será la tónica habitual del viaje.

Camboya es muy barata, pero si la comparamos por ejemplo con Indonesia, la relación calidad precio es mucho peor. Aún así por unos 10 euros tienes sitios limpios y con aire acondicionado, eso sí, con sábanas rosas chillonas, flores de colores con bordaditos, y muebles como los del comedor de mis abuelos, pero los del pueblo, los que ya estaban allí cuando ellos nacieron. Pero eso da igual, no hemos venido aquí a disfrutar del interior de una habitación de hotel.

A mí todo el cansancio se me va en cuanto salimos del hotel y paseamos por las calles de la ciudad buscando un sitio para cenar. Intentando no ser atropellada por ninguna moto ni tuk-tuk. Observo cada rincón, tan diferente en este lado del mundo, cada uno representa una historia.

Los puestecitos de comida, que salen de una minifurgoneta o moto, como si fuera el sombrero de Mery Poppins, empiezan extenderse a lo largo de la carretera que da al río.

Vendedor ambulante de bebidas

Pasamos por el Palacio Real, que visitaremos en otro momento, y nos adentramos en las calles.

Es una ciudad muy viva, gente aquí y allá, locales por todos lados. Sucia al estilo asiático. Olor a comida. Tiene su encanto a su manera. Aunque tal vez sea por lo que me hace sentir, crearme esa curiosidad, sentirme viajera y querer saber más de esta cultura.

Y aquí es donde vemos lo que ya sabíamos, la explotación sexual, naturalizada. Locales con sofás en su entrada y chicas en ellos. Donde los niños, muchos de ellos sus hijos, juegan ajenos (o no) a lo que sucede dentro. No me malentendáis, no quiero meterme en el debate de la prostitución, pero aquí es diferente. Aquí es un empoderamiento consentido del hombre, un signo de su creencia de superioridad, que ha hecho que muchas de las mujeres de este país crean que es su única salida. Esta, y coser por 25 euros al mes en una fábrica textil un sinfín de horas. Las niñas, las mayores victimas de este turismo, mientras el resto del mundo miramos para otro lado.

Phon Penh no nos gustó, fue un lugar por el que teníamos que pasar porque es el centro del transporte para moverte por el país. Pero aún así hay que verlo porque lo que visitamos al día siguiente me hizo llorar y estremecerme, pero es de visita obligada si quieres comprender este país. Nos abrió los ojos, la mente y el corazón.

 

DÍA 2

Salimos del hotel y preguntamos por un tuk tuk que nos pueda llevar a ver dos lugares imprescindibles de la historia de Camboya que se utilizaron para el genocidio durante el Régimen de los Jemeres Rojos, el campo de exterminio Killing Fields y el museo de la antigua cárcel S-21.

Nada más salir del bullicio de la ciudad y recorrer las calles empezamos a adentrarnos en la vida camboyana. No me permito ni pestañear para no perderme nada. La cara A.F empieza a cambiar y noto que está disfrutando de encontrarse en un lugar tan diferente. La emoción comienza a brotar dentro.

Los Killing Fields son impresionantes. Cuesta aproximadamente 5 dólares. El lugar en sí no tiene nada, pero la historia que alberga es muy dura. Cogemos un audio guía para saber qué estamos viendo en cada lugar porque a la vista no puedes deducirlo. Y la mezcla de la historia que escuchas con la voz del hombre que la narra (una voz profunda que te hace revivir lo que sucedió) me hace caer alguna lagrimilla (cagüen esa voz que me ha hecho emocionarme). Es duro ver que aún quedan ropas y huesos de las personas que fueron ejecutadas en ese lugar. Unos 9000 cuerpos fueron encontrados en 130 fosas comunes. Lo más duro fue escuchar que también mataban a los bebés, dado que la idea era que no había que dejar ningún vínculo con la persona asesinada quedará vivo, y de esas manera evitar una futura posible venganza.

Aquí se encuentra también un memorial, una torre de cristal con muchas de las calaveras de las víctimas.

Memorial de los Killing Fields

Con la mente aturdida y mucho más conocimiento de lo que pasó en este país, nos dirigimos al S-21. Un instituto convertido en cárcel donde se realizaban interrogatorios y asesinatos. Ahora un museo donde puedes conocer más de la historia del Régimen. Un lugar que también te remueve por dentro. Y donde hace mucho calor! La entrada son unos 2 dólares.

«Habitaciones» de torturas del S-21

Es increíble lo que hicieron durante 4 años los Jemeres Rojos. Mataron a la población con estudios, a monjes, funcionarios, etc. a veces incluso sólo por llevar gafas. Eran una amenaza para ellos. Mataban a las personas que creían corrompidas por el capitalismo, creyendo puros sólo a los que habían vivido en el campo toda su vida. Hicieron que las personas se pusieran unas contra otras por desconfianza de ser acusados al Régimen para no ser asesinadas por éste.

Este hecho fue decisivo para el futuro del país, dado que las a personas con cultura, estudios y profesionales, son básicas para la evolución de un país. Los gobiernos quieren a la población ignorante e influenciable, pero lo de esta dictadura fue más allá.

Tras comer con nuestro conductor y hablar sobre nuestra cultura y la suya, nos vamos a visitar la Pagoda y Palacio Real de Phnom Penh. A mi parecer la entrada es cara, unos 8 dólares, para a lo que ofrece. Es cierto que es muy bonito, pero tal vez sea porque lo que he visto esa mañana me hizo emocionarme mucho, y ahora un Palacio ostentoso no me transmite nada. Pero hay que visitarlo.

Consejo: si eres mujer te tienes que tapar rodillas y hombros, así que prepara algo antes, sino no sabrás de donde sacar más tela para la parte como nos pasó a nosotras. El pañuelo las rodillas o los hombros? Me pinto un jersey?
Y de vuelta al hotel, que está cerquita para descansar y cenar reflexionando sobre lo que hemos vivido hoy.
Toca descansar ya que al día siguiente nos dirigimos a Kampong Cham!

 

4 respuestas a “1. Phnom Penh y su imprescindible Killing Fields”

  1. Todavia recuerdo la cantidad de sensaciones y sentimientos que me afloraron durante esos dos primeros días de nuestra aventura en Camboya!

    1. Jajaja sí, creo que pasamos por todos los estados emocionales. Emocionarse es bonito, eso es vivir 🙂

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