2. Kampong Cham y Koh Paen. Nuestro pueblito camboyano

DÍA 3

Kampong Cham fue una de las sorpresas del viaje. El pueblo que un principio nos pareció feo y sin ningún atractivo llegó a convertirse en uno de nuestros lugares favoritos, llegando directo al corazón.

Ahora nos reímos recordando como logramos llegar a Kampong Cham. El día anterior habíamos comprado unos billetes de “autobús” para llegar hasta allí. Habíamos pagado la tarifa media, nos dijeron que el bus era mejor, una furgoneta más cómoda y nos recogía un tuk tuk en el hotel para llevarnos a la parada.

Cuando llegamos y vimos una furgo de hace 30 años con mucha gente dentro, bolsas grandes de comida, no sé si alguna gallina, etc. No nos los creímos. No era por ir en esa furgo, era porque nos sentimos engañados. Nos quejamos pero hacían como que no entendían y nos fuimos. No voy a contar como acabamos con el tuk tuk detrás de la furgo hasta que paró y volvimos a sentarnos. La gente alucinó al vernos de nuevo entrar, sonriendo como si no hubiera pasado nada.

Consejo: las estaciones de bus no parecen a veces estaciones. Puede ser un descampado al lado de un mercado con centenares de vans gritando su destino.

Y como sucede en muchos países, en la furgoneta o autobús, si queda un mínimo espacio cabe una persona, o al menos eso piensan los del bus, donde entramos las personas como si fuéramos piezas de un tetris.
De camino a Kampong Cham, en esta furgo, Camboya nos regala su amabilidad y sonrisa. Un anciano, se preocupa más por nosotros que por él mismo, intentando que nos sintamos cómodos en nuestro embutido asiento. Menuda lección.

 

Llegamos a Kampong Cham. El calor nos hace aplatanarnos por la calle. Desde nuestra terraza vemos el impresionante Mekong, menudas preciosas vistas. Nos vamos a comer a un sitio cerca y allí conocemos a Piki 3, un camarero simpatiquísimo. Él mismo se autollama Piki 3 porque le decimos que nos llaman las Pikis dado que nuestro apellido es Piqueras. Charlamos sobre nuestras culturas y aprendemos mucho de él. Como que los monjes reciben de la mejor educación, por ello son de los más cultos y respetados del país. En la dictadura, por supuesto, fueron aniquilados. Nuestro nuevo amigo fue monje, recibió una buena educación, tambien fue gerente de una empresa, pero ahora es camarero 7 días a la semana, librando 2 al mes, y es un afortunado en este país.

A partir de ese día cada vez que pasamos por la calle del bar donde Piki 3 trabaja sale a la puerta y nos grita desde la otra acera “Pikiiiiiiiiiis” mientras mueve la mano saludándonos. Es encantador.


Kampong Cham en sí no tiene nada, pero pasear por sus calles y ver el mercado, una plaza con puestecitos, los niños jugando. Al día siguiente ya andamos por las calles como si fuera nuestro pueblo.

DÍA 4

Nos vamos a ver templos junto a un lugareño en su tuk tuk.
Lo viajes en tuk tuk son geniales, disfruto de las vistas y de los pueblecitos por donde pasamos de camino.


La primera visita no es un templo en sí como lo conocemos, de una estructura. Es un lugar donde los monjes viven, tanto mujeres como hombres, con unas maravillosas vistas. Y me encanta ver los monjes en su vida cotidiana y aprender más sobre su vida. Viven de manera austera. En todo el país son respetados y las personas les paran en el lugar que sea por la calle para que les den alguna bendición o rezo a cambio de la voluntad.

Vistas desde el templo
Vestimenta de los monjes tendida

Seguidamente nos vamos a ver los templos de Phnom Srey y Phnom Pros. Dos templos, uno construido por mujeres y otro por hombres. Fue una competición de a ver quién lo construía más alto. Ganaron las mujeres. Nuestro guía nos cuenta que fue porque lo construyeron en un sitio más alto y por eso parece que se alza más que el de los hombres. Más vale maña que fuerza amigxs.

DÍA 5
Decidimos alquilar una moto para llegar a la isla Koh Paen que se encuentra en medio del río, donde vive gente, y por lo que nos cuentan con menos recursos. Llevamos con nosotros material escolar, algún jueguetillo y globos para darle a los niños. Nos guía el mismo hombre que el día anterior y gracias a él entramos en una escuelita para dar el material escolar. La sonrisa de los niños de este país es maravillosa, son las sonrisas más bonitas que he visto.

Para llegar a la isla se construye un puente de bambú que es derribado cada año por el río en época de lluvia, y por lo tanto vuelto a construir cada año de nuevo. Pero nosotros no tenemos la suerte de verlo, por lo que tenemos que cruzar en una “barca” hecha de madera donde entra un coche y todas las motos que quepan.

Interior de la balsa de camino a Kon Paen Island

Ir en moto no es lo mío, pero confío en la habilidad de las 8000 motos que me rodean, “Ellos me esquivarán” pienso, porque si fuera por mí… subiendo a la barco camino a la isla casi salgo por el otro lado y me caigo al Mekong. Si eso ya me recogéis en Vietnam.

En moto por las calles de Koh Paen

 

Gasolinera-taller de Koh Paen

Recorremos las callejuelas de la isla, como si fuera un camping, visitamos la escuelita, un templo, otro de sólo mujeres. El templo de mujeres es austero y simple, ellas no necesitan más, esa es la paz que buscan.

Monjas en Koh Paen

Nuestro guía nos lleva a casa de un cosechado de tabaco. Una familia que se dedica a la plantación de tabaco y con la que tenemos suerte de hablar. Nos dan a probar un cigarro y es fuertísimo! Se ríen mientras fumamos y nos vamos poniendo amarillos 😅
Queremos darle algo de dinero al hombre, pero se niega y se ofende… a veces no sabemos cuando nos ofrecen algo como simple amabilidad o porque quieren algo a cambio. Aquí nos dan una lección de humildad y cariño. Por culpa de los que sí se quieren aprovechar desconocíamos de la gente que nos abre sus casas y costumbres simplemente por amabilidad y de corazón.

Escuela de Koh Paen

Volvemos a tierra firme y nos vamos a visitar otra escuela donde se hace voluntariado. De camino el guía nos dice que podemos dar libros de cuentos que nos han sobrado a la población musulmana que vive en una zona muy deteriorada, dado que son una minoría a los que la vida les trata peor que al resto.
Dando los cuentos se arma un revuelo que “para qué” en seguida nos rodean niños y adultos riendo y enseñando lo que cada uno ha cogido. Nos alegra haber podido participar en su diversión.
En la escuela de voluntarios conocemos a dos españoles y una chilena que nos cuentan su experiencia y nos enseñan la escuela. Hecha de madera, alzada sobre bases de palos como la mayoría de casa. Nos cuentan que aquí también te puedes hospedar, y también puedes ser voluntario, dando clases de inglés por ejemplo, durmiendo en el hospedaje de la escuela o con familias de allí.

Escuela con voluntariado en Kampong Cham

Aquí es donde pienso que tengo que vivir esa experiencia, quiero pasar un tiempo viviendo como ellos y aportando lo que pueda, aunque sea poco, durante un tiempo. Si ellos puede, ¿por qué yo no?
La lluvia empieza a ser torrencial y nos hace parar en un templo en construcción precioso. Sólo tiene alguna pared y el techo que se alza sobre nosotros colorido. La selva nos rodea. El monje que vive ahí nos acoge con amabilidad y nos ofrece agua. Ahí pasamos un tiempo maravilloso esperando a que la lluvia nos dé tregua para volver al hotel. Estar en ese templo solos con el monje, viendo la selva alrededor mientras la lluvia cae es mágico. Nunca olvidaré ese momento.


Ese día es inolvidable, de los que recuerdas toda la vida, y por los que merece la pena hacer este tipo de viajes. Las emociones se agolpan.

Nos preparamos para dejar Kampong Cham dirección a Siem Reap al día siguiente. ¡Nos esperan los templos de Angkor!

Parte 3. Siem Reap y sus templos

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