4. De la selva de Koh Kong a la playa de Koh Rong

Dejo los asombrosos templos de Angkor para adentrarme en la selva de Koh Kong. No fue la mejor llegada, pero más tarde fue aquí dónde hice una de las más bonitas y refrescantes excursiones en este país. Tras el baño bajo una catarata cogí la mochila hacia las paradisíacas playas de Koh Rong Sanloem, pasando antes por Sihanoukville.

DIA 11

¡Me voy a Koh Kong! Este día es el Blue Day. A veces tenemos uno. Un día en el que un largo viaje, el cansancio y acumulación de melancolía se une a algún suceso que nos hace explotar y entristecernos (aunque dura muy poco tras llorar un minuto abrazados a un almohada, en este caso rosa fofi con flores amarillas). Esta vez se juntó el cielo cubierto, con el hotel que habíamos reservado cerrado y estafados por un tuk-tukero.

Tras coger un bus a Koh Kong y pasar varias horas dentro con videoclips camboyanos de fondo, llegamos muy cansados. Allí nos espera selva, y un hotel con vistas  al río, frondosa vegetación, y donde se puede hacer piragüismo ¡¡Pues no!! Casi llegamos a la frontera con Tailandia para llegar al hotel, rodeado de nada, y cuando bajamos del tuk-tuk nos dicen que está cerrado por obras.

Regresamos enfadados y decepcionados a la parte poblada de la ciudad, y acabamos en un hostel por sólo 4 euros cada uno. Suficiente, pero me había imaginado tomando una cerveza a la orilla del río en un bello lugar, por lo que estoy decepcionada (algún día contaré las veces que pongo la palabra cerveza en los posts, debe de superar la media con creces).

Se nos pasa a la hora, cuando llegamos a la calle principal de Koh Kong, nos tomamos una cerveza (¡otra vez esta palabra!) y cenamos una pizza en un local donde también contratamos la excursión a la selva para el día siguiente.

DIA 12

Ya vemos Koh Kong de una manera más suave, pero aún así creemos que con un día en la selva es suficiente.
Nos vamos en una panca río arriba con dos guías. Nos llevan a través de la selva de las montañas Cardamomo, en un trekking de unas 2 horas hasta llegar a unas cataratas.

El lugar es precioso, de los más frondoso que vemos en Camboya. En el precio de la excursión entra la comida y disfrutamos bañándonos en las cataratas de Koh Kong.

También se puede hacer una excursión a la cascada de Tatai, donde te puedes bañar durante la estación seca (de diciembre a junio).

Necesitaba esto ¡senderismo y contacto con la naturaleza!

(Disculpa la calidad de las imágenes, la cámara no era muy buena)

DIA 13

Koh Rong Sanloem ¡la isla paradisiaca nos espera! Pero antes tenemos que pasar por Sihanoukville ya que el barco sale al día siguiente hacia la islita desde aquí.

En la estación de autobuses de Sihanoukville cogemos un taxi que nos deja en el hotel, que se encuentra a 10 minutos a pie de la playa.
Vamos a pisar por primera vez la playa de Camboya. Esta playa no tiene nada especial, tiene chiringuitos y es turística, pero aún así a los locales les sorprende ver a personas en bañador.

Los turistas somos como un espectáculo para ellos que te miran disimuladamente (o te graban/fotografían creyendo que no nos damos cuenta). Lo mismo nos ocurre a nosotros, que vemos la imagen de monjes con su túnica naranja bañándose. Así son las diferencias culturales, ellos se sorprenden con unas cosas y nosotros con otras.
Este pueblo tiene bastantes turistas, sobretodo concentrados en una calle que va directa a la playa dado que desde aquí parten los ferrys a distintas islas del país.

Acabamos el día dándonos un masaje camboyano y cenando en un hindú, y oooooh vino!!!! No probaba el vino desde que llegamos, y aunque era malísimo me supo a gloria.

A estas alturas ya sabes que sin vino y sin cerveza Irene pierde la cabeza.

DÍA 14 y 15

A primera hora de la mañana cogemos el ferry que nos lleva a Koh Rong Sanloem. Antes pasa por Koh Rong, que también tiene una pinta buenísima. Pero habíamos leído que hay más gente, que si bien es cierto que te ofrece mayor cantidad de servicios, nos apetecía estar en plan Robinson Crusoe.

Cuando llego a la cabaña me encanta. El porche, la ducha al aire libre, el comedor del hotel (que es como una cabaña gigante), el simpático camarero… sabemos que aquí nos vamos a relajar muuucho.

Nuestra cabañita

Voy corriendo a la playa paradisíaca que tenemos frente a nuestra temporal casita.
Tengo que adentrarme mucho para que cubra algo el agua y poder hacer snorkel, y decir que el agua no es tan turquesa como esperaba. Nos cuentan que en época de lluvias a veces el agua que baja de la montaña sale por el mar, enverdeciendo un poco el agua (aún así está mil veces más limpia que en algunos sitios de Valencia). De todos modos esto es idílico. Selva y arena blanca.

 

El calor sigue invadiéndonos, por lo que pasar el rato en el comedor con sus colchones tailandeses nos invita mucho.

«Haciendo» paddel surf
Camino a nuestro hotel

Como en la mayoría de hoteles en islas así el precio de la cabaña puede ser bajo, pero comer ahí no. Lógicamente se aprovechan dado que las opciones son bajas. Yo me alojé por 15 euros/noche en Paradise Bungalows.

Para el día siguiente contratamos una excursión para hacer snorkel con la empresa Perla Negra. Pero como no sabemos estar quietos, al día siguiente, antes de la excursión hacemos una ruta atravesando la selva hasta un faro desde el que nos dicen que se ve el otro lado de la isla.

Camino al faro

Tras varios kilómetros cuesta arriba llegamos. Las vistas son increíbles, aunque sólo mi hermana es la que sube arriba del faro (se nota el gym), el que cuenta con unos pocos bastantes añitos.

Vistas desde el faro

Tras comer esperamos en nuestro porche a la barca que nos va a venir a recoger, La Perla Negra. Cuál Piratas del Caribe, vemos como llega la barca a lo lejos con un chico con el pelo largo, morenazo, con los brazos cruzados apoyado en el mástil de delante de la embarcación.

El mismo Jack Sparrow viene a por nosotros. Nunca olvidaré esa imagen mientras tarareábamos la b.s.o de la película.
Esta fue una excursión inolvidable.
Tras hacer snorkel entre corales y peces de mil colores (aunque tengo que decir que los colores de Indonesia son más llamativos), nos llevó a una islita de pescadores. Allí hicimos un tour por el pueblo, que sólo es tierra, cabañas y selva. Auténtico, donde el turismo aún no ha hecho daño. Acabamos viendo el atardecer, estropeado por las nubes, en un barecito y coco en mano.
Cenamos en el puerto, tipo cabaña flotante, un Buffet buenísimo.
Y como guinda, una de las experiencias más mágicas de mi vida, nadar con plancton fluorescente.

El baño no apetecía, era de noche y acabábamos de cenar. Desde la barca no se veía nada especial, pero… nada más tirarse la primera persona al agua brilló. Es un tipo de plancton que se activa con el movimiento. Ya allí fuimos toda la barca al agua! Un hombre llegó a decir que ya lo había hecho todo en su vida.

Era eso, mágico. Cuando nadas, buceas y mueves el cuerpo, brillas. Parecía que estábamos drogados diciendo oooooh mientras nos movíamos lentamente. Cómo el Sr. Burns. “Paaaaz… Amooooor….”

 

 

Y así, con esa sensación de felicidad y haber experimentado algo espectacular, nos dormimos en nuestra cabañita. Cabañita por cierto sin luz porque la luz es solar y a motor, y sólo funciona durante unas horas por la noche.

Sabiendo que nuestra aventura va llegando a su fin volvemos a Sihanoukville para coger un autobús que nos llevará de nuevo a Phnom Penh.

Koh Rong

Ojo, el ferry a Sihanoukville nos dejó en otro puerto diferente al que salimos, y de allí en autocares nos llevaron al puerto de salida.

DÍA 16

Pasamos el día por la ciudad, despidiéndonos mentalmente de este país. No sin antes que probasen las ranas, cucarachas y grillos.

DÍA 17

Vuelta a casa, a España, país que si bien no es tan reciente como en Camboya también sufrió una guerra y dictadura donde los civiles como en todas las guerras son los más perjudicados. Más de medio millón de personas murieron. Pero aquí no hay unanimidad en la población sobre tal atrocidad. Pero es este es otro tema.

Camboya es un país que hay que conocer, te hace sonreír y te hace llorar, pero sobretodo te hace aprender. Nunca olvidaré las sonrisas de los niños camboyanos, las sonrisas más bonitas que he visto en mi vida.

 

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