Capítulo 1. Operación Marruecos

Un cuento de ficción con toques de realidad de dos flores en el norte de Marruecos.

“Aún no he comprado el billete para Santiago”
“¿Cuándo te vas?” le pregunta Orquídea a Buganvilla, recordando con cariño la experiencia que tuvo en el camino de Santiago años atrás.

Ambas, sentadas en un bar un día lluvioso en Valencia (sí, en Valencia que nunca llueve, pero ese día sí). “En Pascua, pero aún no sé qué camino hacer. Sólo sé que el francés no porque ya hice parte hace unos años. Lo tengo todo por el aire” contesta Buganvilla mientras piensa que no tiene preparado nada, ni siquiera su físico. No es alta, así que recorrer unos metros le cuesta más a que a una de mayor estatura. Tiene que fortalecerse para no llegar tarde a los albergues, quedarse sin alojamiento y tener que dormir en la calle.

“Igual que yo Marruecos, al final tal vez vaya hasta sola, mi amiga Amapola aún no sabe si podrá ir”
Las dos perdieron hace tiempo el miedo a viajar solas. Sus sueños son más importantes que sus miedos. Sus a veces incomprendidos sueños. Dos pequeñas flores que dejaron de ser frágiles tras perder varios pétalos, pero que aún así necesitan ser cuidadas con mimo, regadas de vez en cuando y  plantarlas en un campo, nunca en una maceta. 

Mural de Asilah

“Uff Marruecos… me apuntaría, volvería de nuevo a ese país ” dice Buganvilla con nostalgia.
“Vente! Por qué no te apuntas??? Estaría genial” le dice Orquídea con entusiasmo.
En ese momento a Buganvilla le entra el gusanillo, un gusanillo que empieza a removerse, su amigo el gusanillo llamado Emoción. Por un lado quiere hacer el camino de Santiago sola, vivir esa experiencia, pero por otro lado, MARRUECOS! y con Orquídea! Unidas por casualidad un año atrás creando una bonita amistad.

Ir con Orquídea es una oportunidad única, aprender de su bondad, despreocupación de las cosas no importantes y reírse de lo que haga falta. Y sin pensárselo dos veces Buganvilla le contesta “¡¡Vale!! Me apunto”. Las dos se levantan para saltar abrazadas. Incluso parece que ha parado de llover, sale el arcoiris, las mariposas y los pajaritos cantan. Hasta que salen del toldo que les tapa y se dan cuenta de que no es así, pero les da igual, la lluvia les resbala.

La lluvia, ay la lluvia…

(No te pierdas el siguiente capítulo y mi rayada mental escribiendo)

Imagen desde una ventana de Chef Chauen

 

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