Capítulo 2. Asilah y su medina

Tras decidir ir juntas a Marruecos, nuestras flores Orquídea y Buganvilla partieron un mes de Abril hacia el país vecino. Su primer destino: Asilah.

Si te has perdido el capítulo anterior aquí lo tienes 😉

Igual hubiera sido más rápido ir en patinete a Asilah, pero siguiendo su instinto low cost (obligadas por su monedero, pero también porque saben que la experiencia es más verdadera y enriquecedora) cogieron un billete de avión por 60 euros a Tánger desde Madrid.

Pero para ello tuvieron que coger la furgo de Buganvilla hasta Madrid (con unas cuantas horas de margen por supuesto), y un Uber hasta el aeropuerto dado que con el tren no llegaban a tiempo. Gracias M30 (dejo este link al monólogo referente a esta gran carretera). Por lo que al billete de 60 euros habría que sumarle unos cuantos euros más.

¡Pero ya están en Tánger! Gracias a la hermana de la amiga de la cuñada de la prima de Orquídea, logran el contacto de un taxista de confianza que les lleva directamente a Asilah por 20 euros. Carito, sí, un lujo que se permiten en lugar de coger el tren ya que no estaban seguras de que hubiera alguno a esas horas, además de que la estación está bastante apartada del aeropuerto y era tarde.

“Estos son los inconvenientes de viajar rápido, con un billete de vuelta que te obliga a moverte velozmente sin tiempo que perder” piensa Buganvilla. Por que viajar despacio es más barato. Lógicamente no si te quieres quedar en un resort, pero sí el tipo mochilero, el low cost, el autoestopista, los comedores en mercados con gente local, el couchsourfing… sin prisas respirando y grabando cada lugar visitado porque no tienes que estar a 100 kilómetros de distancia al día siguiente.

Ya en Asilah deciden dar una vuelta por dentro de la Medina. Ninguna de las dos había estado antes en esta ciudad-pueblo y se quedan maravilladas de esas callejuelas estrechas y blancas. Parecidas al sur andaluz. Llena de rincones pasados por manos de artistas. Turística, sí, pero del diseño árabe que tanto les gusta.

Alfombras, babuchas, colores, té, hierbabuena, olores. Del Corte Inglés no, pero del Corte Marroquí se llevarían todo!

Tienda en Asilah

“Tenemos que sacar más dinero” dice Orquídea, apoyando la idea Buganvilla aun sabiendo que es peligroso con tantas cosas que poder comprar allí. Ambas llevan una lista de cosas que comprar para España (pobrecillas, si supieran que la lista se les iba a quedar corta y la mochila más):
Kajal (maquillaje negro para los ojos típico árabe) Buganvilla casi se saca un ojo intentando usarlo,
Té (of course),
Aceite de argán,
Jabones naturales, y
Ras el hanout (mezcla de muchas especias típica del Magreb).

No sabían que además se llevarían dos chilabas, unos guantes, una tonelada de jabón natural, botes de crema y aceite, un jersey y una alfombra, al dependiente y tres ovejas.

Durante el paseo se respira tranquilidad, y deciden saborear el momento viendo la puesta de sol en la parte de la Medina que da al Océano.

Vistas del Atlántico desde la Medina

La gente es muy amable. Les preguntan de donde soooon, cuánto van a estaaaar, cómo estaaaán, si quieren algo de fumaaar… se interesan por ellas. Y sin problema por el idioma dado que aquí hablan muy bien español ya que hay muchos españoles (como alemanes en Alicante vamos, sólo que hablar alemán en Alicante no es tan común).

Tienda de alfombras en la Medina de Asilah

Fueron en busca de la que iba a ser su casa durante 3 días. Iban a compartir hogar con otras flores: Azahar y su hija. En lugar de un hostal toparon con el contacto de Azahar, quién no había alojado nunca a nadie, pero que el dinero le serviría de mucha ayuda.

En cuanto llegaron sabían que esa flor inspiraba bondad y humildad. Les repetía que era una casa pobre, y que si no querían dormir en la pequeña salita que les ofrecía se lo dijeran con confianza. “A mí me encanta” dijeron las dos al unísono. Una pequeña salita con cojines alrededor de una mesita, y que daba a la terraza. No era un lujo no, pero era como estar en casa, y por sólo 7 euros.

Dentro de la Medina de Asilah

Ya con la mochila en casa fueron cenar.

Tras cenar se les antoja una copa de vino (las flores también beben sí), por lo que comienzan su búsqueda. Después de andar kilómetros y kilómetros en busca del vino perdido, logran tomarse uno frente a la Medina. Una botella de 50 cl por 6 euros. La copa sale a menos de 2 euros, así que realmente no está mal para ser un país donde no se suele beber alcohol.

“Bueno, tendremos que irnos a casa, que Azahar se va a preocupar” dice Buganvilla.
“Sí, vamos antes de que se vayan a dormir” contesta Orquídea “Sígueme, que yo ya estoy orientada en este sitio” dice mientras se va en dirección contraria.

Y así, con los coloretes provocados por el vino, se van a dormir a su salita-habitación que bien podría haberse sacado de una película de los años 50, y que es tan acogedora como entonces.

Zapatillas de ir por casa prestadas por Azahar

¿Ves esa luz en las fotos? Sí, eso eso, el sol. Quédate bien con él. Agárralo fuerte.

2 respuestas a “Capítulo 2. Asilah y su medina”

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