Capítulo 3. Pues parece que va a llover

Asilah tenía más que enseñar a nuestras protagonistas, pero el destino tenía otros planes para ellas.

Aquí tienes el capítulo anterior, en el que llegaron nuestras florecillas a Asilah y cómo acabaron en casa de Azahar.

Al despertar Orquídea y Buganvilla se encuentran con que Azahar les tiene preparado un desayuno de crepes marroquíes, café, miel, mermelada, nocilla, pan y té (si una flor bebe té, sería canivalismo? comer es a canivalismo como beber es a _____?).

Conversan con Azahar y les cuenta que vive sola con su hija en Marruecos. Su familia vive en España. Ella está tratando de ir allí porque se siente sola, pero es muy difícil. Los requisitos son numerosos, cuenta bancaria, contrato de trabajo (difícil de conseguir dado que han complicado el proceso), demostración de domicilio, etc. “Qué injusticia» piensan» esta flor tan trabajadora y bondadosa, con dos curros, y estudiando, y que no pueda reunirse con su familia”. Sienten vergüenza de la política española mientras ella les cuenta su historia, esa flor que les está cuidando con tanto cariño.

El tiempo no invita a irse a leer a una terracita como tenían pensado, por lo que acompañan a Azahar al mercado. Deciden agradecerle a Azahar lo bien que les está tratando en Asilah haciendo la cena de esa noche, una tortilla de patatas y pan con tomate.

Mujer vendiendo en el mercado de Asilah

¡Qué experiencia! los mercados ya de por sí maravillan a Buganvilla, quién no deja de hacer fotos a las situaciones más cotidianas pero que son las que más le gustan. Pero además hacer la compra con una local, es extraordinario.

Fotografía a los vendedores sentados en el suelo vendiendo sus huevos frescos, a sus madres las gallinas vivas, verdura, fruta, hierbas para el té, pan recién hecho y muchos etcéteras. Fotografía a Orquídea comprando los ingredientes para la cena “Y un poco más de esto, y un poco más… creo que un poco más, y de esto…” recolectando así comida para medio estadio del Santiago Bernabéu.

Comprando huevos en Asilah

Su última fotografía del mercado va dirigida a un burro cuyo el rebuzno que le pega le despeina para el resto del viaje.

Burro en el mercado de Asilah

La lluvia no da tregua, y el viento además comienza a azotar. Os podría contar que ese día disfrutaron al sol, pasearon por las calles secas, y leyeron en una terracita… pero no pudieron por el temporal. Se quedaron hablando, arreglando el mundo y leyendo en la casa. Tomaron infinidad de tazas de té en los lugares cercanos. Y comieron en un local en el que les sobró la mitad de comida de todos los platos. Normal ya que les pusieron  una cantidad desorbitada de comida al equivocarse pidiendo, y todo por 2,5 euros.

La cena no resulta ser un éxito. Tal vez el lenguaje o como se expresaron, pero Azahar no entendió que la cena era para todas, y creyó que iban a hacer sólo su cena. Así que sobra tortilla, pan con tomate y fresas para cuatro semanas. La cara de las flores al entrar en su salita-habitación es un poema y les entra la risa por la situación tan extraña que han vivido:
“¿Qué ha pasado? Si hemos cenado solas… si lo que queríamos era hacer la cena y disfrutarla con ellas para darles las gracias de algún modo” dice Orquídea, quien ha estado cocinando una hora.

“No lo sé, no nos entendió… o la diferencia cultural… tal vez no estén acostumbradas a comer algo diferente…” contesta Buganvilla.
“Y además no hemos hablado casi con ellas”
“Vaya, la florecilla con su amiga en la habitación y Azahar intentando ver la telenovela india. De hecho cuando le hablábamos creo que le jodía un poco porque se perdía la historia de la novela jajaja” dice Buganvilla “Sigue lloviendo a mares, tal vez podríamos movernos mañana ya para Chechuan”.

Orquídea llora de la risa y le contesta “Jajaja es Chef Chauen, y es Tetuán ¿Chechuan qué es? ¿la frontera?” (typical Buganvilla, inventarse los nombres) “Me parece buena idea, no podemos tirarnos en la playa o en una terraza como teníamos previsto, así que vale! Mañana cogemos el bus a la montaña!”

Ambas siguen hablando hasta que se les cierran ojos, hojas y pétalos con la tormenta cayendo atrozmente sobre el tejado de uralita. Si ese tejado no se voló esa noche no lo hará jamás. Sólo rezaban para que el tiempo les permitiera llegar a Chauen al día siguiente.

En el próximo capítulo veremos si lograron y, si es así, cómo llegaron a Chauen. O según Biganvilla, a Chechuan.

3 respuestas a “Capítulo 3. Pues parece que va a llover”

  1. Jajajajaa me encanta!

    Vámonos a Chechuán, le dijo Orquidea a Buganvilla mientras se agarraban a la uralita …

    1. jajaja sí, agarradas hasta con los dientes diciendo «Pues hace un poquito de aire, no?» A mal tiempo buenas risas!
      Muak!

Deja un comentario