Capítulo 4. Hacia las montañas

Tuvieron que dejar Asilah dado que el tiempo no les fue favorable. Al menos pudieron disfrutar un día de sol cómo vimos en el capítulo 2. Por lo que pusieron rumbo a Chef Chauen para ver si allí tenían más suerte.

Ese día se despiertan muy temprano (para ayudaaaar a su bueeeena mamaaaa 🎶) no, para coger un bus a Tánger por 2,4 euros, desde donde cogerán un taxi compartido a Chauen por 3,5 euros. Y en el que tendrán tantas ganas de mear que harán parar al conductor en medio de un zarzal embarrado para miccionar (demasiados datos, no?).

Lleva lloviendo 24 horas, los pétalos rizados de Buganvilla empiezan a coger un volumen sobrecogedor.
“Podrías hacerte trencitas “ le dice Orquídea.
“Ya me hice una vez y me quedé enganchada en la cortina de la ducha… como Mónica de Friends” contesta Buganvilla.

Además de la lluvia el frío continúa, y ellas con una mochila de 5 camisetas cortas, dos pantalones y hasta un bikini. La única manga larga que llevan es una sudadera. Eso es positivismo, pero no del tipo Mr. Wonderful, en plan “Levántate cada día con una sonrisa, adornado con corazones y unicornios rebozados de caramelo”. Si no del positivismo extremo como “Es Abril, me voy al norte de Marruecos y la predicción meteorológica dice que va a llover y 14°C… pero yo me llevo bikini”.

Una de las calles de Chef Chauen

Conforme se van acercando a Chauen las montañas empiezan a ser más altas y el verde más extenso. Buganvilla está sorprendida del verdor del norte de este país, nunca se lo imaginó así.
“En estas montañas” le cuenta Orquídea a Buganvilla “se planta una gran cantidad de nuestra hermana Marihuana para luego hacer el hachís, polen, etc. que se vende por Marruecos y parte del extranjero. A los turistas que fuman no les dicen nada los policías, o en pocas ocasiones, porque es una actividad conocida y aunque ilegal, deja mucho dinero. En cambio a un marroquí se le puede caer el pelo si le pillan fumando. Hipocresía”.

Chef Chauen

En Chauen les espera Pablo Mohamed Escobar. Un amigo que hizo Orquídea años atrás. Le esperan en el bar de la placita El Hauta. Esa plaza se convertirá en el lugar más recurrido en sus próximos días, sintiéndolo tan familiar como la plaza del pueblo de la infancia.

Plaza El Hauta

Cuando llega Pablo Mohamed les lleva a la casita cercana que les ha conseguido por 15 euros cada una. Parecía un chollazo, pero no! La casa es un congelador con sofás.

Tienda en Chauen

La lluvia no cesa y allí en las montañas hace frío, por lo que con tener unas mantas les sobra. Aunque si no hiciese tanta humedad (hasta el punto de echar vaho al hablar) lo hubieran agradecido más.

El frío y el agua empieza a mermarles, pero no les para y echan a pasear por las preciosas calles de la ciudad. En la parte antigua dentro de la muralla todo es azul: las paredes, las puertas, las ventanas, los perros… es como andar por el cielo (o una piscina gigante).

Chef Chauen

El frío les ha calado tanto que deciden ir ya ese día a una hammam, unos baños comunitarios. Tenían reservada esa actividad para otro día, pero estaban hartas de estar siendo regadas constantemente. Así que recogen lo necesario (toalla, jabón, peine, etc.) y van a uno donde sólo acuden los locales y que es más barato. Aun pagando más porque son extranjeras, y lo saben, por 7 euros tienen la entrada con masaje.

Hammam en Chauen (no es al que entraron, el de la imagen es más turístico)

Buganvilla nota tal alivio al entrar en calor que piensa traerse la cama a ese lugar.
El hammam consta de 3 salas siendo la última las más caliente. Tiene una fuente de donde sale agua calentada a leña y dónde se llenan los cubos con los que la gente se lava. Los hombres y las mujeres tienen cada uno su turno, normalmente por las mañanas y al final de la tarde los hombres.

Las mujeres, desnudas, o con bragas, se lavan cada una en su taburete o una esterilla. En ocasiones individualmente, otras se lavan entre ellas, familiares y amigas. Es fascinante ver a flores que tal vez lleven velo fuera de esta forma (sin pudor), que se encuentran con su gente en bolas hablando y riéndose. Suelen ir una vez a la semana y no es de extrañar.

El hammam es un lugar de socialización, de limpieza no sólo física, también espiritual.

Aunque igual, piensa Buganvilla, un poco más de limpieza no vendría mal, ya que igual que se lavan el pelo, se depilan o lavan los dientes.
Nuestras flores entran y se sientan observando cómo funciona ese lugar. En seguida llega una flor que trabaja allí y les empieza a lavar. Esa misma flor les hace luego un masaje sobre la esterilla con jabón de glicerina natural. Increíble. Lo natural, el masaje y el calorcito les reaviva. Salen del hammam cuál protagonistas de Sexo en Nueva York. Sí, y a cámara lenta.

Una de las calles de Chef Chauen

Sigue lloviendo a mares, y hace un frío que pela, pero han recuperado fuerzas para seguir explorando Chauen ¿podrán verlo tal y como se merece?

Chef Chauen

				
								
			

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